Los valores consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos están bajo asedio y debemos defenderlos | Corresponsables.com Perú
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 Derechos Humanos

Los valores consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos están bajo asedio y debemos defenderlos

Reproducimos la declaración del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra'ad Al Hussein, con motivo del Día de los Derechos Humanos

11-12-2017
Zeid Ra'ad Al Hussein, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Foto: ONU 
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“El Día de los Derechos Humanos se conmemora cada año el 10 de diciembre, fecha en que en 1948 la Declaración Universal de Derechos Humanos, el documento más traducido y quizá el más influyente del mundo, fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, órgano que en ese momento apenas contaba con tres años de existencia”.

Gracias a la Declaración Universal, la vida cotidiana de millones de personas ha mejorado, se han prevenido incalculables sufrimientos y se han echado los cimientos de un mundo más justo. Aunque sus promesas aún no se han cumplido cabalmente, el hecho mismo de que haya resistido el paso del tiempo es una prueba de la duradera universalidad de sus valores de igualdad, justicia y dignidad humana”.

“El año próximo –el 10 de diciembre de 2018- vamos a conmemorar el 70º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos y el Día de los Derechos Humanos de este año, el domingo que viene, marcará el inicio de todo un año de celebraciones en homenaje a ese 70º aniversario”. “Ese año será –espero- un periodo de intensa y profunda reflexión sobre la importancia vital y permanente de todos y cada uno de los 30 artículos que componen este extraordinario documento”.

“La Declaración Universal se redactó en un mundo devastado por la guerra y fue el remedio que los Estados recetaron a sus pueblos para vacunarlos contra sus peores instintos y omisiones. La elaboración del documento corrió a cargo de delegados de todos los países y continentes y contó con el respaldo de sus dirigentes, todos ellos –para citar el preámbulo de la Declaración- conscientes de manera cabal, reciente y dolorosa, de que “el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad”.

“Se redactó con el conocimiento y el recuerdo del Holocausto y de las actitudes y la acumulación de políticas y prácticas que lo hicieron posible, marcados a fuego en la consciencia de quienes no habían logrado evitarlo”.

“Se redactó para que abarcara no sólo los derechos civiles y políticos, sino también los derechos sociales, económicos y culturales, con la plena comprensión de que no es posible alcanzar el desarrollo sin respetar los derechos humanos y que no es posible disfrutar plenamente de los derechos humanos sin alcanzar el desarrollo y que la paz y la seguridad dependen de ambos”.

“Hoy en día, a medida que la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto se alejan en el tiempo, esa conciencia parece evaporarse a un ritmo alarmante y el enorme progreso alcanzado mediante la aplicación progresiva de los principios de derechos humanos proclamados en la Declaración Universal se olvida o se menosprecia cada vez más”.

“En muchos lugares del mundo se pone en tela de juicio la universalidad de los derechos. Esa universalidad está asediada hoy por terroristas, dirigentes autoritarios y populistas que parecen dispuestos, en diverso grado, a sacrificar los derechos de los demás sólo para conquistar el poder. La influencia combinada de esos elementos ha crecido a expensas del orden democrático liberal, la paz y la justicia”.  

Vemos cómo aumentan los crímenes y las crueldades que se comenten en conflictos en el mundo entero; medra el nacionalismo antagónico, con diversos y crecientes grados de racismo, xenofobia y otras formas de discriminación que van arraigando, incluso en países que se sentían satisfechos, instalados en la creencia de esos eran problemas del pasado y que no podrían resurgir y reafirmarse con tanta facilidad”.  

“Vemos cómo empiezan a desmantelarse medidas concebidas para erradicar la discriminación y promover la justicia, -algunas de ellas, frutos de la Declaración Universal y del inmenso corpus jurídico y práctico derivado de este documento-, por obra de quienes tratan de aprovecharse del odio y la explotación. Vemos la reacción contra los avances de los derechos humanos, incluso de los derechos de las mujeres y las minorías, en las Américas, Asia, África y Europa”.  

“Vemos a dirigentes políticos que niegan abiertamente la verdad fundamental consagrada en el artículo 1 de la Declaración Universal, que proclama: ‘todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos’. Dirigentes políticos que impugnan la promesa formulada por sus predecesores de ‘promover el respeto a estos derechos y libertades, y asegurar, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos’ ”.

La Declaración Universal es el compromiso suscrito por todos los Estados de proteger y promover los derechos humanos. Es esencial que sigamos exigiendo su cumplimiento a todos los Estados. Pero los derechos humanos son demasiado importantes como para dejarlos únicamente en manos de los Estados, son demasiado valiosos para todos nosotros y para nuestros hijos”.  

“Al comenzar el año del 70º aniversario de la Declaración Universal, es justo que honremos sus logros y homenajeemos a sus preclaros autores. Al mismo tiempo, no debemos albergar muchas ilusiones: el legado de la Declaración Universal está amenazado en muchos frentes. Si permitimos que flaquee nuestro compromiso de defender los derechos humanos –si miramos hacia otro lado cuando se violan- esos principios se marchitarán paulatinamente y al final perecerán. Si eso llegara a ocurrir, el costo en sufrimiento y vidas humanas sería inmenso y toda la humanidad tendría que pagar un precio muy alto”.  

“En última instancia, eso depende de nosotros, de ‘nosotros los pueblos’, a quienes está destinada esta Declaración. Depende de mí, de usted, de todos en cada ciudad, provincia o país donde todavía hay margen para expresar ideas, participar en decisiones y alzar la voz. Es preciso que tomemos medidas para fomentar la paz, luchar contra la discriminación y defender la justicia”.

Debemos organizarnos y movilizarnos en defensa de la decencia humana, en defensa de un mejor futuro común. No debemos permanecer al margen, perplejos, mientras el sistema de valores creado tras la Segunda Guerra Mundial se deshace en nuestro entorno. Debemos asumir una postura sólida y decidida: al apoyar resueltamente los derechos humanos de los demás, estamos defendiendo nuestros propios derechos y los de las generaciones del porvenir”.