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ODS3. La COVID-19 podría revertir décadas de avances hacia la eliminación de muertes infantiles evitables

Con el número de muertes de menores de cinco años en un mínimo histórico de 5,2 millones en 2019, las interrupciones en los servicios de salud maternoinfantil causadas por la pandemia de COVID-19 están poniendo en riesgo millones de vidas adicionales

09-09-2020

La cifra global de muertes de niños menores de cinco años cayó en 2019 al punto más bajo que se conoce, 5,2 millones (en 1990 se produjeron 12,5 millones de muertes). Así lo revelan las nuevas estimaciones publicadas por UNICEF, la Organización Mundial para la Salud (OMS), la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas y el Grupo del Banco Mundial.
 
Sin embargo, encuestas recientes de UNICEF y la OMS señalan que la pandemia de la COVID-19 ha causado grandes interrupciones en los servicios sanitarios que amenazan con deshacer lo que durante décadas ha costado tanto conseguir.
 
“La comunidad internacional ha llegado demasiado lejos en la eliminación de las muertes infantiles prevenibles como para permitir que la pandemia de COVID-19 nos detenga en seco”, señala Henrietta Fore, directora ejecutiva de UNICEF.Cuando a los niños se les niega el acceso a los servicios de salud porque el sistema está saturado, y cuando las mujeres tienen miedo de dar a luz en el hospital por temor a coger una infección, ellas también pueden convertirse en víctimas de COVID-19. Sin inversiones urgentes para la reanudación de los sistemas y servicios de salud interrumpidos, millones de niños menores de cinco años, especialmente los recién nacidos, podrían morir”.
 
En los últimos 30 años, los servicios de salud para prevenir  tratar las causas de muertes infantiles tales como los partos prematuros, bajo peso al nacer, complicaciones durante el parto, sepsis neonatal, neumonía, diarrea y malaria, así como la vacunación, han sido determinantes para salvar millones de vidas
 
Ahora, los países en todo el mundo están experimentando interrupciones en los servicios de salud materno infantiles, como las revisiones rutinarias, vacunas, atención prenatal y posnatal, a causa de las limitaciones de recursos y de un malestar general con el uso de los servicios de salud debido al temor de contraer COVID-19.
 
Una encuesta de UNICEF llevado a cabo en verano en 77 países concluye que cerca del 68% de los países informaron de al menos algún tipo de interrupción en los controles de salud de los niños y en los servicios de inmunización. Además, el 63% de los países notificaron interrupciones en los controles prenatales y el 59% en la atención posnatal.
 
Otra encuesta reciente de la OMS basado en las respuestas de 105 países reveló que el 52% de los países informaron sobre interrupciones en los servicios de salud para niños enfermos y el 51% en los servicios para la gestión de los pacientes con desnutrición.

Las intervenciones de salud como estas son esenciales para detener las muertes prevenibles de recién nacidos y niños. Por ejemplo, las mujeres que reciben atención de matronas profesionales formadas de acuerdo con las normas internacionales tienen un 16% menos de probabilidades de perder a su bebé y un 24% menos de probabilidades de experimentar un parto prematuro, según la OMS.
 
“El hecho de que a día de hoy haya más niños que pueden cumplir un año que en cualquier otro momento en la historia es una señal clara de lo que se puede conseguir cuando el mundo pone la salud y el bienestar en el centro de sus acciones”, explica el director general de la OMS, el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus. “Ahora no debemos dejar que la pandemia por COVID-19 revierta esos logros tan importantes para nuestros niños y las generaciones futuras. Es más bien tiempo que nos debe servir para usar lo que sabemos para salvar vidas y seguir invirtiendo en sistemas de salud más fuertes y resilientes”.
 
Según las respuestas de los países encuestados por UNICEF y la OMS, las razones más comúnmente citadas para la interrupción de los servicios sanitarios han sido: que los padres evitaran acudir a los centros de salud por miedo al contagio, las restricciones en el transporte, la suspensión o el cierre de servicios e instalaciones, la disminución del número de trabajadores por derivaciones o por el miedo a contagiarse por la falta de equipos de protección individual (mascarillas, guantes, etc.) y las dificultades financieras crecientes. Afganistán, Bolivia, Camerún, República Centroafricana, Libia, Madagascar, Pakistán, Sudán y Yemen se encuentran entre los países más afectados.
 
Siete de estos nueve países registraron altas tasas de mortalidad infantil en 2019, superiores a 50 muertes por cada 1000 nacidos vivos entre los niños menores de cinco años. En Afganistán, donde 1 de cada 17 niños murió antes de cumplir los 5 años en 2019, el Ministerio de Salud ha informado de una reducción significativa tras visitar instalaciones sanitarias. Por temor a contraer la COVID-19, las familias están restando prioridad a la atención prenatal y posnatal, lo que aumenta el riesgo que enfrentan las mujeres embarazadas y los recién nacidos.
 
Ya antes de la pandemia los recién nacidos tenían el mayor riesgo de muerte. En 2019, murió un bebé recién nacido cada 13 segundos. Además, el 47% de todas las muertes de menores de cinco años se produjeron en el período neonatal, frente al 40% registrado en 1990. Las graves interrupciones de los servicios sanitarios podrían poner a los recién nacidos en un riesgo de muerte aún mayor, por ejemplo: en Camerún, donde el año pasado murieron 1 de cada 38 recién nacidos. La encuesta de UNICEF recoge que los servicios sanitarios de atención neonatal esencial, los controles prenatales, la atención obstétrica y la atención postnatal se vieron interrumpidos en aproximadamente un 75%.
 
En mayo, el modelo inicial de la Universidad Johns Hopkins reveló que casi 6.000 niños más podrían morir cada día por las interrupciones debidas a la COVID-19.
 
Estos informes y encuestas destacan la necesidad de tomar medidas urgentes para restaurar y mejorar los servicios de atención al parto y la atención prenatal y postnatal para las madres y los bebés, contando con trabajadores sanitarios capacitados. También señalan la importancia de trabajar con los padres para calmar sus miedos y que estén tranquilos.
 
“La pandemia de COVID-19 ha puesto en grave peligro años de progreso global para poner fin a las muertes infantiles evitables”, explica Muhammad Ali Pate, director global de Salud, Nutrición y Población del Banco Mundial. “Es fundamental proteger los servicios que salvan vidas y que han sido clave para reducir la mortalidad infantil. Seguiremos trabajando con gobiernos y aliados para reforzar los sistemas sanitarios y garantizar que las madres y los niños tienen los servicios que necesitan".
 
"Este nuevo informe demuestra el progreso en curso en todo el mundo para reducir la mortalidad infantil", ha asegurado John Wilmoth, director de la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas. "Si bien el informe destaca los efectos negativos de la pandemia de COVID-19 en aspectos críticos para la salud de los niños, también llama la atención sobre la necesidad de corregir las enormes desigualdades en sus perspectivas de supervivencia y buena salud”.